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Diferencia entre piedras preciosas y semipreciosas

Diferencia entre piedras preciosas y semipreciosas

Piedras preciosas

Aproximadamente hace siete mil años el hombre empezó a conocer las gemas. Las primeras en incorporarse a su vida fueron la amatista, el ámbar, el granate, el jade, el lapislázuli, la esmeralda y la turquesa. Poco a poco se descubrieron más y las añadieron a sus accesorios y adornos.

Desde entonces, los seres humanos las han dividido en diversas categorías: como símbolos de riqueza y poder, como talismanes y accesorios, como medicamentos para curar o evitar enfermedades, como gemas de nacimiento o asociadas con los signos del zodiaco.

 

Las cuatro grandes… y las demás

Otra de las clasificaciones que ha sido muy popular en los últimos años es el de piedras preciosas y semipreciosas. De acuerdo con esta manera de ordenarlas, las piedras preciosas serían sólo cuatro: el diamante, la esmeralda, el rubí y el zafiro. Las restantes como el topacio, amatista, citrino, jade, aguamarina, ópalo, etc., pertenecerían a las piedras semipreciosas, pero… ¿qué tan correcta es esta clasificación?

Anillo de oro amarillo con esmeraldas

Antes de seguir adelante debes saber que una gema o piedra preciosa es un mineral (diamante, esmeralda) o material orgánico (perlas o ámbar) que posee características como belleza, durabilidad y escasez relativa, que una vez tratada sirve para crear joyas. De acuerdo con esta definición, ¿existirían piedras preciosas y semipreciosas?

 

¿Definición actual u obsoleta?

En el siglo XIX comenzó a usarse esta diferenciación entre piedras preciosas y semipreciosas, la cual rápidamente se volvió popular y hoy en día es utilizada alrededor de todo el mundo. Se cree que todo comenzó como una táctica de mercadotecnia para impulsar la venta de determinadas piedras y aunque hoy en día la mayoría de las personas involucradas en la compra y venta de joyas y gemas usa estos términos, también hay una cantidad significativa de conocedores que están en contra de dicha clasificación.

Para estos últimos, la definición está obsoleta pues existen gemas en el mercado que no son diamantes, rubíes, zafiros o esmeraldas y han alcanzado precios estratosféricos. Y, en el otro extremo, hay piedras de entre estas cuatro cuya calidad es tan baja que hasta un humilde cuarzo las puede superar fácilmente en belleza.

Anillo de oro rosa con amatista

Sin embargo, algunas personas consideran que eliminar la palabra “semipreciosa” es una tarea difícil. Desde hace cerca de 150 años muchos de los libros más populares en gemología han escrito “semipreciosa” en sus títulos y en la actualidad sigue apareciendo en numerosos libros, revistas, páginas web y otros documentos de la industria de las gemas y la joyería, por lo que si eliminarla del ámbito profesional es difícil, suprimirla del lenguaje popular es prácticamente imposible, especialmente porque a muchas personas realmente les gusta usar estos nombres para designar a sus gemas preferidas.

 

Pero… ¿por qué es popular el término “piedras preciosas”?

La división de las gemas en estas categorías ofrece a las personas la idea de que las gemas denominadas preciosas son más valiosas, más raras, más hermosas y más deseables que las “semipreciosas”.

Aretes de oro amarillo con citrino

 

“Semipreciosa” no es realmente adecuada

En el año 2004 el ópalo Aurora Australis fue adquirido por un millón de dólares, más de $5,500 dólares por quilate. Por otro lado, gemas extraídas de un berilo rojo alcanzaron el precio de $10,000 dólares por quilate. Estas gemas, y algunas otras, han costado mucho más que muchas piedras preciosas y son un claro ejemplo de que las denominadas “semipreciosas” también pueden tener un valor verdaderamente extraordinario.

En cuanto a la rareza, también hay evidencia de que las piedras semipreciosas pueden ser más raras. El berilo rojo, el savorite y un gran número de otras gemas han sido encontrados con grandes dificultades en pequeñas cantidades y en escasos lugares. Así, también son bastante raras y a veces más que las "preciosas".

Aretes de oro amarillo con savorite

En cuanto a la belleza y al deseo por adquirirlas, estas son cualidades basadas en la opinión del comprador. Sería interesante presentar ejemplares de diamantes, rubíes y esmeraldas junto con otras piedras “semipreciosas” y preguntarle a la gente cuáles le parecen más hermosas y deseables. Es posible que algunas de esas piedras semipreciosas ocupen un lugar más alto en las preferencias de los observadores.

Por todas esas razones, podemos decir que considerar a algunas piedras como preciosas y a otras como semipreciosas es algo relativo y si el segundo término desapareciera hoy del lenguaje no caeríamos en ninguna imprecisión al designar a cualquier gema como “preciosa”.

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