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Cómo nace una perla

Cómo nace una perla

Cuando Venus, diosa del amor y la belleza, se elevó del mar, las gotas de agua que cayeron de su cuerpo se dispersaron y se convirtieron en mil perlas perfectas… Esa es una de las leyendas griegas sobre el origen de una de las gemas más bellas y delicadas que la naturaleza nos otorga.

Los antiguos griegos también creían que, cuando el sol se ponía, las ostras, atraídas por la luz de la luna, flotaban hacia la superficie, abrían sus caparazones y recogían el reluciente rocío vespertino que pronto se transformaría en una perla radiante.

Esas dos leyendas ilustran de una manera sublime el nacimiento de una perla, aunque no correspondan con la realidad al cien por ciento. Pero, a decir verdad, la forma en la que se crea esta gema no es mucho menos bella y sorprendente.

Te contamos el proceso de nacimiento de una perla. ¡Sigue leyendo!

 Perlas

 

Un maravilloso milagro

Lo primero que debes saber es que una perla se forma en el interior de un ser vivo. Específicamente de moluscos como ostras, almejas y mejillones, aunque las productoras por excelencia son las primeras.

Pero ¿cómo es posible que una ostra logre este milagro de la naturaleza? Para ello, conozcamos un poco sobre ellas.

Las ostras son bivalvos (su caparazón está hecho de dos partes o válvulas) que se unen mediante un ligamento elástico, el cual las mantiene abiertas para que la ostra pueda comer.

Pero en este proceso en el que la ostra se encuentra abierta, puede ocurrir que, además de alimento, se cuele en su interior algún elemento extraño como un parásito o un grano de arena. Y ahí es cuando el milagro comienza a suceder.

La formación de una perla natural comienza cuando una sustancia extraña se desliza en la ostra y su reacción natural es cubrir ese irritante para protegerse con una sustancia que genera y que seguramente ya habrás escuchado alguna vez: el nácar.

Conforme pasa el tiempo, la ostra va cubriendo más y más a ese ser extraño y generando varias capas alrededor de él, de esta manera, una perla no es otra cosa que una sustancia extraña cubierta con capas de nácar.

Y aunque la mayoría de las perlas que vemos en las joyerías son lindas y redondas (que son las más valiosas), no todas las perlas salen tan bien. Algunas se forman de manera irregular: estas se llaman perlas barrocas.

Sin embargo, para encontrar una perla natural con las características de calidad y belleza ideales se requieren hasta 20,000 ostras… y mucho esfuerzo y paciencia para encontrarlas.

Debido a ello, en 1893 un empresario japonés llamado Mikimoto Kokichi ideó la forma de cultivarlas. En este proceso, a la ostra se le da una pequeña ayuda para generar la perla: se le hace un corte estratégico o se coloca un agente extraño dentro de ella para que comience la formación de la gema preciosa. Las perlas se pueden cultivar tanto en agua dulce como en agua salada y se considera que tienen la misma calidad que las naturales, pero con un precio mucho más accesible que las naturales.

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